Sunday, March 10, 2013

Una entrevista a don Walter Murray Chiesa

Tributo al incomparable
 don Walter Murray Chiesa
Descanse en paz don Walter

“Toda universidad respetable tiene un Departamento de Folclore para rescatar las tradiciones. (En Puerto Rico) la cuestión folclórica está en decadencia y no hay ninguna universidad interesada en ese rescate”
Nos toca a todos...
¿Qué vamos a hacer 
para honrar a don Walter?

Un pueblo sin arte 
es un pueblo sin alma
Julián Espinal
"Potemkin"

“Lo más que yo quiero es entrenar promotores artesanales. Actualmente no hay conciencia de lo que vale el artista popular y lo tratan como si fuera un comerciante. El artesano es el artista del pueblo... Cada vez que muere un artesano se pierde un pedazo de nuestra historia”.
Walter Murray Chiesa
El Nuevo Día
10 de marzo de 2013

¡Cuanta razón tiene don Walter! Nadie como él, fuente de inspiración para los artesanos, defensor de la artesanía como arte popular en Puerto Rico. Hasta cuando seguirá la sociedad boricua en esta bochornosa actitud de ignorar el valor de sus artistas.

Aquí el reportaje de Don Walter, son pocas las oportunidades que tenemos de saber lo que representa la artesanía para los artesanos y que es tan ignorado por una sociedad que se dice ser muy patriota y no tiene ni idea de lo que eso significa y como a mi me gusta decir las cosas como son, no me importa lo que piensen los demás. No hay respeto ni auspicio para el artista popular y autodidacta, esa es la triste realidad.

El día en que en Puerto Rico los artesanos salgan de la pobreza y vivan dignamente debido a las ventas de sus artesanías, ese día podré decir que estoy equivocada, mientras tanto, tengo toda la razón.

10 de marzo de 2013
El Nuevo Día
Protector de los informantes del pueblo
El promotor artesanal WALTER MURRAY CHIESA cumple 50 años de trabajo de honrar los artesanos y preservar las tradiciones populares
Walter Murray Chiesa
Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día

Las preguntonas, con sus hojas amarillentas, sus tapas envejecidas y su espiral gastado, son esas libretas en las que el promotor artesanal Walter Murray Chiesa ha concentrado sus anotaciones y, claro, preguntas para los artesanos que ha visitado a lo largo de los cincuenta años que ha dedicado a recorrer lo que llama la ruta artesanal.

Celebra medio siglo de consagrar su vida a la historia y a las artes populares, a reclamar derechos para los artesanos y a auspiciar y divulgar el trabajo de estos obreros desde la cultura indígena hasta el presente. No ha sido tarea fácil, el cansancio lo siente a sus 89 años, pero se ha llevado a su familia a muchas aventuras tierra adentro y hay que verlo con el amor que habla de la artesanía.

“¿Todavía visita, de vez en cuando, a los artesanos?”

“De vez en cuando no”, contesta orgulloso.

“Con (el promotor artesanal) Robinson Rosado voy a cada rato a visitar a doña Felita (Felicita Santiago Nieves), a Narmo (de Jesús), a los bastiones que nos quedan”, explica con una mezcla de ilusión por el camino que queda y guiños de dolor porque, a su juicio, “no hay conciencia aún” del valor que tienen los artesanos, esos obreros que llama “los informantes del pueblo”.


Antes de visitar su hogar, nos encontramos con Murray en el Museo y Centro de Estudios Humanísticos Dra. Josefina Camacho de la Nuez de la Universidad del Turabo en Gurabo donde está el archivo que lleva su nombre y desde donde canaliza su labor.

Enseña diapositivas, apunta que hay miles, de esa ruta artesanal que emprendió desde temprano y mientras ejercía algunos de sus trabajos más importantes desde dirigir a partir del 1963 el Programa de Artesanías y Artes Populares del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), bajo el mandato de su director, don Ricardo Alegría, hasta estar al frente desde el 1977 de la Oficina de Desarrollo Artesanal de la Administración de Fomento Económico.


Entre el archivo, el depósito y una exhibición en el museo que se fundamenta esencialmente en su colección, allí se concentran artesanías, libros, cartas y otros documentos, grabaciones en audio y vídeo, diapositivas que se pasan a formato digital y anotaciones de sus “preguntonas” al entrevistar a maestros artesanos.

“Toda universidad respetable tiene un Departamento de Folclore para rescatar las tradiciones. (En Puerto Rico) la cuestión folclórica está en decadencia y no hay ninguna universidad interesada en ese rescate”, critica Murray al resaltar que desde la Universidad del Turabo se ha cultivado el tema desde el museo, pero también con el seminario que creó hace años, Panorama artesanal de Puerto Rico desde el tiempo de los indios hasta el presente.

“No está don Ricardo (Alegría), pero estamos nosotros”, destaca con convicción al aludir al quehacer que ha tramado desde el archivo con personas como Carmen Ruiz de Fischler, directora del museo, Ana María Socarrás quien aprovecha la sabiduría de Murray al hacer inventario de “la historia que ha recogido don Walter” y Juana Mendoza, quien asume la fase educativa que conecta al museo con la Escuela de Educación de la universidad para impactar escuelas de la región en un proyecto que incluye, entre otros aspectos, llevar al investigador a darles charlas a estudiantes y profesores.

Entre recuerdos

Ya en su casa, acompañado por su esposa Nydia Fornés, una de sus siete hijos, María Luisa, y uno de sus aprendices, Robinson Rosado, Murray invita a apreciar el mural taíno que le hizo su nieto, Daniel Varela Murray, inspirado por el cerro Mapurita de Jayuya.

“Utuado y Jayuya son dos pueblos adoptivos”, revela con la mirada que se ilumina de respeto por las huellas indígenas y las amistades que cultivó en esos pueblos que visitó en facetas como la de dirigir el Centro Ceremonial Indígena de Caguana en Utuado durante su estancia en el ICP.

Se le nota con más ánimos que en la mañana cuando se quejaba por un golpe reciente, pero rápido se las arreglaba para olvidar achaques. “Acuérdate que la artesanía está por medio”, le decía a Ruiz de Fischler como seña de la determinación por la que ha sido su batalla de décadas.

Cuenta que su causa comenzó muy temprano en su vida. “Desde niñito, desde los cinco años, porque tenía un abuelo jíbaro, Juan Chiesa, que había sido maestro rural en Manatí y Bayamón. Como mi papá era marino, siempre estaba en el mar, y prácticamente el que me crió fue mi abuelo, ¿ves? Y pues, me contaba tantas cosas”, menciona nostálgico de aquellos días que pasó entre las montañas y el mar que su papá le presentó.

Su niñez transcurrió, asegura, a la espera que el barco de su padre llegara. Se sonríe con cariño. Pero también tuvo la influencia de un ambiente que creía firmemente en la educación no tan solo con el abuelo educador sino con su madre “que fue maestra toda la vida”. No extraña que Murray diera clases de inglés y español en los años cincuenta tras graduarse de la Universidad de Puerto Rico.

Esas raíces ayudan a entender el carácter formativo de la misión siempre presente de Murray por el patrimonio artesanal y la generosidad de impartir conocimiento.

“Lo más que yo quiero es entrenar promotores artesanales. Actualmente no hay conciencia de lo que vale el artista popular y lo tratan como si fuera un comerciante. El artesano es el artista del pueblo”, puntualiza al lamentarse de los miles de artesanos anónimos que sentencia que nadie les prestó atención. Algo que recuerda las palabras de la promotora artesanal Zulma Santiago al citar a su entrañable mentor: “Cada vez que muere un artesano se pierde un pedazo de nuestra historia”.

La ruta no ha estado exenta de tropiezos. Al preguntarle por la cantidad de reconocimientos que ha recibido en su vida, plantea que lo que no ha podido lograr con el gobierno lo ha conseguido con entidades cívicas.

En su empeño por rescatar y defender nuestras tradiciones, mantuvo durante años el programa radial Volteando la Isla en WIPR para compartir la historia oral de los artesanos o el jíbaro que se cruzaba en su camino fuera que los llevara al estudio o que los grabara en sus visitas a sus casas talleres. “Iban a arreglar un estudio y me dijeron que me iban a avisar para volver y nunca lo hicieron”, cuenta de la etapa de la que quedan memorias y cajas en una esquina de la casa de cassettes de aquellas pláticas.

Motivos y futuro

El que unos llaman “el padre de la artesanía puertorriqueña” recurre en su conversación a su amigo y jefe de siempre, Ricardo Alegría (“siempre trabajé bajo las órdenes de don Ricardo”, relata).

“En un año feliz, de gran importancia para la artesanía, en 1955, don Ricardo nos dice, ‘fíjense, el artesano es el artista del pueblo’. Nunca nadie había hablado del artesano, nada”, enfatiza acerca de la persona que lo impulsó a estudiar arqueología aunque su incansable curiosidad por la etnografía pudo más.

En el libro Crónica artesanal puertorriqueña: apuntes para una historia artesanal de Puerto Rico (1996) de Murray, Alegría escribió en la presentación que el investigador ha dedicado todo su tiempo e interés al estudio y promoción de las artes populares porque se ha identificado con sus creadores. “Los artesanos del país han tenido en Walter Murray Chiesa a su más enérgico y decidido defensor. El auge y éxito que hoy tienen las artesanías en Puerto Rico no se hubiera alcanzado sin sus esfuerzos y luchas”, detallaba en ese momento.


La orden de buscar artesanos que le dio Alegría desde el ICP no demoró en mostrarle a Murray que las visitas a esos artistas de tierra adentro, en sectores recónditos y aquellos más accesibles, son esenciales.

“Don Ricardo me dijo: busca artesanos y yo me dediqué. Iba de tiendita en tiendita preguntando, quién hace santos de palo, quién hace cuatros, y preguntaba si había grabados de petroglifos de los indios. Era todo un proceso de aprendizaje”, cuenta de los viajes que lo llevaron a acampar entre montañas solo, con amigos o su familia, incluso cuando su esposa, Nydia estaba embarazada.

Lo describe como “un amor sin freno por el campo” y el deseo de escuchar al jíbaro; algo que parece no gastarse.


“Cuando un artesano es visitado por Walter es una veneración instantánea porque él los ha visitado por años y años. Walter es una leyenda viva entre los artesanos de tierra adentro”, resalta Robinson al contar que Murray no tan solo los entrevista sino que “se hace suyos los problemas del artesano” y, de necesitarlo les ha comprado comida o los ha llevado al médico.

Próximo a cumplir 90 años, destaca que su motivación diaria es su compañera de vida, Nydia. “Tengo una novia de 54 años”, suelta y ella, que servía café y sándwiches de jamón y queso, salta de la alegría y lo besa.

“Este señor, este lindo esposo mío es un milagro de papá Dios porque hace ocho meses me le dio un infarto y después, qué no le dio. Estuvo varios meses en intensivo, después se cae y vuelve otra vez, pero esas son todas las oraciones que nosotros tenemos aquí”, expresa Nydia.

Rosado comparte que una vez Murray le dijo que su secreto era que tomaba vitamina A. Por supuesto, no hablaba de la típica vitamina, se refería a la artesanía.

“Pero también me acuesto boca arriba, extendido, y cojo la fuerza de Borinquen, de la tierra”, finaliza, y está claro que, con ese pensamiento, se explica una vida entera.

Mi felicitación a don Walter en sus 50 años de trabajo rescatando el lugar de la artesanía en la historia de Puerto Rico. Siempre guardaré gratos recuerdos de sus anécdotas, respeto y simpatía para con los artesanos.
¡Dios lo bendiga don Walter!

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