Friday, August 17, 2012

Caso Augusto Marín

otro estacazo de muerte al arte puertorriqueño


“No sé si es la forma en que se compite en Puerto Rico por la venta de obras de arte, pero (al coleccionista que compró las piezas) le indujeron a pensar que eran falsas una vez compradas”
licenciado González Salas
abogado de Benjamín García
marchante de obras de arte


Esto no es la primera vez que pasa pero hasta donde se, no había llegado tan lejos...

El juicio de García vs. Marín por difamación e interferencia de comercio es un estacazo más para el mercado del arte puertorriqueño ¿por qué? porque en Puerto Rico este mercado perdió la vergüenza hace rato. No hay respeto a los artistas, a los galeros, a los coleccionistas y está el “jamonero” que hace orilla, suficientes para cubrir a todo Puerto Rico con Vieques, Culebra, Mona y Desecheo incluídos.

Augusto Marín, uno de los más destacados pintores puertorriqueños cuya obra es una de las más relevantes del siglo XX, su trayectoria artística está pasando por un mal trance y para la incontable total de obras que están en posesión de coleccionistas y no tienen la certeza de que sea un “auténtico” Marín, si no lo pueden certificar, se jorobaron.

La Señora Marín se tiene que defender y sí, es cierto y no hay duda de que ella conoce la obra de su padre, pero las preguntas son... ¿Cómo se puede probar que una obra es falsa si no existe un original certificado vs. una copia falsa? ¿Cómo se puede certificar una obra falsa si el conocedor no conoce toda la obra del artista aún siendo su hija? ¿En base a qué se dice que una obra es falsa?

Estos son los hechos según lo reseña la periodista Tatiana Pérez Rivera de El Nuevo Día...

14 de agosto 2012
El marchante Benjamín García radicó una demanda por difamación e interferencia contractual contra la hija del artista, Ivelisse Marín, luego que esta se negara a certificar la autenticidad de dichas tres obras que se atribuyen a su padre. Estas fueron vendidas por García a un coleccionista asentado en Miami.
La demanda fue radicada en el 2009 y a principios de este año la defensa de García, integrada por los abogados Luis Guillermo González Salas y Rodolfo Fogás Mondril, presentaron varios testigos, siendo el testimonio principal el del veterano artista Osiris Delgado.
Se analizó la obra de Marín por expertos...
... comenzó su deposición el profesor y conservacionista Johnny Lugo Vega, quien junto al catedrático de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras Antonio Martínez Collazo realizó en el 2010 una comparación de obras adjudicadas a Marín que integran la colección del Museo de Arte de Puerto Rico como “Vida” y “Siempre la limosna”, y de “Expulsión del templo”, que integra una colección privada, con las obras denominadas cuadros A, B y C (las obras en polémica).
Con análisis lumínico y Rayos X, entre otras técnicas, se revisaron estratos de la obra como el soporte, la imprimación y la capa cromática, entre otros.
Lugo Vega señaló que se observaron y compararon características en dichos tres estratos en las obras adjudicadas a Marín versus las vendidas por García. Contornos, las formas geométricas del Marín de los sesenta y hasta colores y fondos fueron comparados.
¿Qué pasó? ¿Cuáles fueron las conclusiones? ¿En que año se pintaron esas obras? ¿Coincide el soporte, la imprimación y la capa cromática contra la verdadera obra de Marín? ¿Cuál es el “provenance”? ¿existe documentación?

15 de agosto de 2012
El desacuerdo lo provocan tres piezas atribuidas a dicho pintor que García vendió a un coleccionista radicado en Miami y que la demandada se negó a autenticar debido a que las considera copias. Probar que las obras no son falsas resulta fundamental puesto que sobre esa premisa nace la acusación de difamación. Los testigos de la parte demandante ya presentaron sus testimonios a inicios de este año, siendo el principal el del artista Osiris Delgado, quien estableció la dificultad de identificar un estilo único de Marín cuando este produjo una cuantiosa producción en cinco décadas de trabajo. Ayer los trabajos del día contaron con las declaraciones del curador e historiador de arte Rubén Moreira, quien fue interrogado tanto por los licenciados de la parte demandada, Claudia Izurieta Berríos y Rafael Socorro Santoni, como por Luis Guillermo Salas y Rodolfo Cobas, quienes integran la defensa del demandante.
“Esta obra es falsa, y esta y esta”, subrayó enfático Moreira a lo largo de su presentación, en la que comparó tres obras certificadas de Marín como “Expulsión del templo” de un coleccionista privado, así como “Vida” y “Siempre la limosna”, pertenecientes a la colección del MAPR, con las alegadas copias tituladas “El llanto”, “El abrazo” y “La mujer”, que deben pertenecer a la década de los 60.
16 de agosto de 2012
Si Ángela Rosa Rivera hubiera estado ayer presente en la sala 805 del Centro Judicial de San Juan, todo sería más fácil. La mujer figura como dueña anterior de dos lienzos que se atribuyen a Augusto Marín, los cuales fueron adquiridos por el coleccionista radicado en Miami, Blas Reyes, tras comprarlos al marchante Benjamín García.
El tercer día del juicio, presidido por la juez Heydeé Pagani Padró, arrancó con el testimonio de Blas Reyes. Este destacó, a preguntas de la defensa de Marín -integrada por Claudia Izurieta y Rafael Socorro-, que tras comprar a García las piezas “El llanto”, “El abrazo” y “La mujer” como obras de Marín, el marchante radicado en Miami, Alejandro Alfonso, lo alertó de que eran falsas. Por las tres piezas, el coleccionista había pagado cerca de $78 mil.
“Entrar a la casa me dio seguridad. Me arrepiento ahora de no haberle preguntado si las obras las pintó él, pero su condición no estaba para eso”, relató Reyes, quien aseguró estar ahora convencido de que las tres piezas son falsas. En Puerto Rico vio un catálogo antiguo de la obra de Marín y descubrió que la tercera pieza adquirida parecía “un fragmento” de la obra “Expulsión del templo” allí reseñada.
En el contrainterrogatorio, los abogados del demandante, Luis Guillermo Salas y Rodolfo Cobas, cuestionaron al comprador de las obras si después que este se reunió con Ivelisse Marín -quien subrayó que las obras eran falsas luego de revisarlas en persona- el asunto se complicó más. Este contestó afirmativamente.
17 de agosto de 2012
Interrogatorio a Ivelisse Marín
Marín relató que “llevaba años” viendo lo que parecían ser “dos o tres cositas” aisladas, aludiendo a obras falsas adjudicadas a su padre. “Ahora es un mundo”, destacó, y agregó que se ha reunido con las sucesiones de otros artistas boricuas como Rafael Tufiño, entre otros, puesto que también han sido golpeados por lo que definió como “una práctica bien estructurada”. Desde el 2001, indicó, ha visto entre “30 a 35 obras falsas” de Marín.
Declaró que conoció a Blas Reyes, el coleccionista radicado en Miami que adquirió las tres obras que provocaron la disputa legal (“El abrazo”, “La mujer” y “El llanto”), después que este había comprado las obras a García y a través de Bernardette Borroto, exesposa de su padre. Reyes viajó a Puerto Rico con las obras y las enseñó a Ivelisse y a Rubén Moreira, curador de la última retrospectiva de Marín, quienes le aseguraron que eran falsas tras evaluarlas.
El contrainterrogatorio a Marín, conducido por el abogado del demandante, Luis Guillermo Salas, buscaba probar cuándo esta conoció al vendedor de las obras y qué dijo de él para probar el cargo de difamación.
“¿Llamó a Blas Reyes para preguntarle de los cuadros y nunca le preguntó quién los vendió?”, cuestionó Salas.
“No pregunté eso. Hablamos de los cuadros. En ese momento lo principal era identificarlos”, respondió Marín.
Incongruencias...

1. La pregunta que toca el meollo del asunto...
“¿Cónoce el número total de las obras que hizo Marín?”, cuestionó Salas.
Nadie lo sabe, contestó Moreira, quien aseguró que revisó más de cuatro mil piezas antes de realizar la curadoría de la retrospectiva de Marín en el MAPR titulada “Marín: Las formas de la existencia”, igual que un libro de su autoría sobre el pintor.

2. Del testimonio de Reyes se desprendió que el demandante pensaba que Ivelisse “descertificaba las obras para que no hubiese (obras de) Marín en el mercado y así poder vender las de ella”. “Por eso Benjamín dijo que optó ir directo donde el artista”, dijo Reyes.

3. Presentó testimonio además Evaristo Álvarez Ghigliotti, examinador de documentos forenses, quien destacó que hay “diferencias significativas” entre la firma de Marín en 27 cheques y una carta evaluados versus los certificados de autenticidad de las tres obras presentados por García.

Este caso trae a la palestra pública la corrupción rampante que existe en Puerto Rico, una corrupción denigrante tanto para el artista como para el coleccionista porque al no haber honestidad, palabra de honor y una reglamentación que garantice un mercado sin fraudes seguiremos en este free for all donde todos pierden y muy pocos ganan.

Que me perdonen los expertos pero esto es un bochorno para quienes dicen defender la cultura. Me parece un juicio muy llanito, amañado y hasta la periodista parece favorecer a la hija de Augusto Marín. Los expertos son aliados y colaboradores de la demandada. ¿Qué peso tiene el testimonio del que demanda sobre una persona que goza de un supuesto prestigio en la sociedad puertorriqueña y de unos expertos que son colaboradores de la demandada?

Las preguntas que me tengo que hacer son:

1. ¿En qué se basa Alejandro Alfonso para certificar que son falsas y cuando lo van a llamar a testificar? Porque el tener una revista llamada “Arte Latinoamericano” no lo hace experto en arte. Hasta donde yo sé este señor no goza de “good standing” en Puerto Rico y por razones “extrañas” hoy está establecido en Miami.

2. Si no hay un registro de la obra completa de Augusto Marín ¿quién puede certificar que alguna obra no lo es?

3. Después de esto ¿quién quiere comprar un Marín a menos que sea a través de la hija de Marín y su Fundación? ¿Conveniente para la demandada no?

4. ¿Quién quiere falsificar un Marín, un Tufiño u otra obra de algún artista puertorriqueño? ¿Para qué, si la obra está devaluada? ¿Para qué si la obra de los artistas en Puerto Rico se vende en los pasillos de shopping center a precios de pescao abomba’o y hasta en Ebay, incluyendo serigrafías de Marín?

5. En este caso nadie ha probado fuera de toda duda razonable que esas obras no son de Augusto Marín por varias razones, porque si no se sabe cuantas obras de Marín existen, porque no las han podido documentar, pues por lo menos que se informe la prueba forense y los resultados de esa investigación ¿quien puede certificar en base a eso?

6. ¿Quién firma los certificados de autenticidad? ¿El artista o el que certifica la obra?

7. ¿Quién fue Bernardette Borroto en la vida de Marín? ¿cuanto tiempo estuvo casado con ella, si lo estuvo? ¿Quién mercadeó la obra de Marín en ese tiempo? ¿Cuantas relaciones amorosas tuvo Augusto Marín?

8. ¿Quién falsifica obras y en dónde? Quienes conocen el mundo de las falsificaciones lo saben ¿quiénes son?

9. ¿Es la primera vez que Osiris Delgado declara o no una obra falsa? ¿En base a qué?

10. ¿Qué pasará con estas obras? ¿las decomisarán? ¿Quien paga por los delitos si hay alguno?

Este es el saldo de una disputa que muchos creen ¿que no trasciende? se equivocan...

Los abogados de parte y parte harán lo posible por ganar este caso, recogerán sus honorarios y se irán muy felices para sus casas y no me parece que tengan el expertise para llegar al fondo de la prueba.

La obra de Marín quedará en entredicho en el mundo del arte local e internacional. ¿Quién gana? NADIE y les voy a explicar por qué.

A los artistas les digo, si quieren trascender a la historia, tengan dignidad y empiecen a hacer las cosas bien porque después los mercaderes del templo harán fiesta y mucho cuidado a quien le delegan su obra. Documenten su trabajo y a los que vengan a pedirle una “rebajita” piénsenlo, porque en el día de mañana su obra devaluará como ahora está devaluada la obra de Marín.

Si los artistas no se dan a respetar o si fomentan y siguen con este relajo, el mercado del arte puertorriqueño jamás alcanzará el prestigio de poder llegar a vender una obra de cualquier maestro puertorriqueño por un millón de dólares en las casas de subastas como Sothebys o Christies.

A los supuestos falsificadores, sin tienen talento para imitar una obra, deben tener talento para hacer una propia, hagan su propia vida artística, no les parece que no vale la pena hacerle caso a personas inescrupulosas que buscan estafar a otras.

A los mercaderes... bendito, se debieran de abochornar, cuánto daño han hecho a una historia artística que hoy dan ganas de llorar. La vorágine a llegado a tal magnitud que la actitud es “si yo no vendo, nadie va a vender” y esto acentúa la mala leche existente en el mercado del arte local. ¡Esto es patético!

A los coleccionistas de arte... respeten a los artistas, el arte es una inversión, comprar una obra en $500.00 para después decir que pagaron $5,000.00 es una práctica fraudulenta o peor aún jactarse de que estafaron o clavaron al artista habla muy mal de un comprador de arte. Sean honestos y exijan facturas reales por el precio real de la obra, certificados de autenticidad, provenance, en fin todos los documentos necesarios para autenticar una obra o alguna interpretación artística de una obra original. Le conviene tanto al artista como a ustedes si piensan revenderla o asegurarla.

Y a los expertos del arte, si se creen que este aguacero no los va a salpicar, se equivocan, no hay título ni trayectoria que los ayude a gozar de credibilidad porque el que más o el que menos algún pecadillo tiene. Se sabe de esta práctica malintencionada de decir que una obra es falsa es con toda la intención de dañar reputaciones. Decertifican una obra como comerse un merengue, sin abochornarse y sin tener las suficientes pruebas para hacerlo.

Si algún historiador conociera de primera mano todos los cuentos de horror y escribiera un libro narrándolos, creánme, sería un bestseller para una comunidad de arte internacional que ahora ven con desconfianza cómo en Puerto Rico se masacra el prestigio de los artistas y galeros por cuatro pesetas.

La sociedad artística puertorriqueña tiene muchos enemigos que la desprestigian y no la dejan crecer, mucho menos le permiten a una camada de artistas emergentes se desrrollen y esta es la triste realidad. Las cosas como son y si nadie se atreve a cantarlas como las ve para no pisar callos pues flaco servicio le hacen a la historia del arte y a la cultura boricua. Mientras las cosas no mejoren seguiremos en esta misma tragedia griega.

¿Cómo saber si una obra es falsa?
¿Quién lo determina?


Las cosas se tienen que poner peor, desde el 1990 aproximadamente el arte ha ido cuesta abajo como Gardel, las galerías de arte no han podido sobrevivir, otras sobreviven gracias a un “open bar” y los artistas sobreviven sólo si tienen un trabajo o profesión que no tiene que ver nada con su arte. Los supuestos expertos de arte que existen la mayoría no son puertorriqueños. Lo peor de todo es que con esta debacle son muchos los que se han ido, otros optaron por quitarse y los más perseverantes tratan de sobrevivir a duras penas.

¿Es esto hacer historia? ¿Es esto Cultura? ¿Es esto proyectar que somos un país confiable y civilizado? Y después se ofenden cuando los españoles nos dicen que somos tercermundistas.

“Es un asalto a la obra de Marín y a la cultura puertorriqueña”, enfatizó Ivelisse durante el interrogatorio de su abogada, Claudia Izurieta. “Para mí es sumamente doloroso que con alguien que trabajó tan duro toda la vida hagan esto; es como destruir un país porque su obra es parte de nuestra cultura. Esto hay que pararlo”.

Vaya que hay que pararlo pero ¿Quién lo para? Hasta que cada individuo que ejerce una función en el mundo del arte boricua se eduque y entienda como se hacen las cosas correctas y honestamente nada mejorará. Espero que sean los propios artistas quienes se den a respetar y los verdaderos defensores de la obra artística y la cultura que ven como en Puerto Rico se le perdió el respeto a esa cultura que tanto pregonan defender los mercaderes de shopping center.

“Si alguna vez veo una de mis pinturas me sonreiré para mis adentros y no diré nada. ¿Para qué? La persona que la vende perderá mucho dinero si digo que es falsa y eso sería algo inmoral de mi parte”
John Myatt, arrestado en 1995 -y condenado- por vender 
más de 200 pinturas al estilo de los maestros modernos. 
Según estima, todavía hay en circulación 
cerca de 120 falsificaciones suyas.

Todavía no sabemos en que terminará este juicio. Seguiré pendiente a cuál será el descenlace. Lo único que puedo decir es que en mi opinión, aquí nadie es inocente y todos son culpables. 
Las cosas como son.

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